CASTILLO DE SANTA ANA (ABANILLA)

El Castillo de Santa Ana es uno de los enclaves históricos más antiguos del término municipal de Abanilla, aunque en la actualidad apenas se conservan restos visibles de la fortificación original. Sus vestigios se localizan en un pequeño cerro alargado situado aproximadamente a 800 metros al oeste del núcleo urbano de Abanilla, en un promontorio que se eleva unos treinta metros sobre la llanura circundante, junto a la margen izquierda del río Chícamo. En la cima de este cabezo se levanta hoy la ermita de Santa Ana, cuya presencia ha condicionado en gran medida el estado actual del yacimiento.

El emplazamiento responde a criterios estratégicos muy habituales en la arquitectura militar medieval. Desde esta posición elevada se domina visualmente el entorno inmediato y los accesos al valle del Chícamo, un espacio agrícola y de tránsito natural dentro del territorio. La forma alargada del cerro, con eje aproximado norte-sur, determinó probablemente la disposición del recinto fortificado, que debió adaptarse a la topografía del terreno.

El origen del castillo se remonta a época islámica, dentro del sistema defensivo desarrollado en el sureste de al-Ándalus para controlar el territorio y proteger los pequeños núcleos rurales y agrícolas. Aunque hoy el castillo se encuentra en un estado de ruina muy avanzado, todavía pueden identificarse algunos elementos constructivos que permiten reconocer la estructura básica de la fortificación. Los estudios arqueológicos han documentado la existencia de tramos de muralla distribuidos por las distintas vertientes del cerro, así como restos de estructuras que probablemente correspondieron a torreones defensivos.

Las murallas estaban construidas con tapial, una técnica muy frecuente en la arquitectura militar andalusí y medieval del sureste peninsular. Este sistema consiste en levantar los muros mediante tierra compactada dentro de encofrados, reforzando la base con cimientos de mampostería trabados con mortero de cal, arena y pequeños cantos. En algunos sectores también se utilizaron sillarejos para reforzar la parte inferior de las estructuras.

A partir de los restos visibles y de la topografía del cerro se ha planteado que el castillo pudo contar con una doble línea de muralla, lo que sugiere un recinto relativamente complejo para un enclave de estas características. Sin embargo, las numerosas transformaciones sufridas por el lugar a lo largo del tiempo han dificultado la interpretación completa de su planta y de su organización interna.

El elemento mejor conservado del conjunto es un aljibe situado en las proximidades de la ermita, cuya construcción se remonta probablemente al periodo medieval islámico, aunque parece haber sido reformado en épocas posteriores. Este depósito de agua está formado por tres naves paralelas cubiertas por bóvedas de medio cañón, que configuran tres aljibes rectangulares independientes comunicados entre sí mediante pequeñas puertas laterales. La estructura tiene aproximadamente siete metros de longitud por algo más de doce metros y medio de anchura, y está construida con mampostería trabada con yeso. La presencia de este sistema de almacenamiento de agua confirma la función militar del recinto, ya que el abastecimiento hidráulico era un elemento esencial para resistir posibles asedios.

El estado actual del castillo es consecuencia de un largo proceso de transformaciones que han alterado profundamente el yacimiento. La explanación de la cima del cerro para construir la ermita, junto con la posterior urbanización y ajardinamiento del entorno, provocó la desaparición de diversos sectores de la fortificación. A pesar de ello, todavía es posible reconocer en superficie algunos restos de murallas y estructuras defensivas dispersas por el relieve.

Los restos del castillo tienen el carácter de Bien de Interés Cultural, dentro de la protección genérica con la que cuentan todos los castillos españoles desde 1949. Además, en 2010 se inició el procedimiento para delimitar oficialmente su entorno de protección, reconociendo no solo los restos visibles de la fortificación, sino también el área donde pueden existir vestigios arqueológicos en el subsuelo y el paisaje inmediato que forma parte de su contexto histórico.

Aunque el Castillo de Santa Ana se encuentra hoy prácticamente desaparecido, su emplazamiento conserva un notable interés histórico y paisajístico. El cerro donde se levantó la fortaleza constituye un punto privilegiado desde el que comprender la organización del territorio en época medieval, cuando pequeñas fortalezas como esta articulaban la defensa y el control de los espacios agrícolas del sureste peninsular. La presencia del aljibe y de los restos de muralla permite todavía reconocer la importancia estratégica que tuvo este lugar dentro del sistema defensivo histórico de Abanilla y del valle del Chícamo.

Castillo de Abanilla
Castillo de Abanilla

📷 Ramón Sobrino Torrens