Tour "Lo Mejor de Murcia"
El tour con todo lo que no te puedes perder en Murcia. Un itinerario de dos horas ideal para grupos pequeños. Con guía oficial de turismo.


Monasterio de Santa Clara la Real (Murcia)
El monasterio de Santa Clara la Real ocupa uno de los enclaves históricos más singulares de Murcia, pues en él conviven más de ocho siglos de historia cristiana con algunos de los restos más importantes conservados de la Murcia islámica. El conjunto monástico se asienta sobre el antiguo Alcázar Menor o Al-Qasr al-Sagir, palacio de recreo construido por los soberanos musulmanes de Murcia durante el siglo XIII y, a su vez, sobre estructuras palatinas aún más antiguas vinculadas al reinado de Ibn Mardanis, el célebre Rey Lobo. Tras la incorporación definitiva de Murcia a Castilla, el antiguo palacio pasó a manos de la Corona hasta que, en 1365, Pedro I lo donó a la comunidad de clarisas, que ha permanecido en este lugar desde entonces.
El actual monasterio es el resultado de sucesivas transformaciones realizadas entre los siglos XIV y XVIII. De la etapa final del gótico se conserva el magnífico claustro, construido bajo el patrocinio de los Reyes Católicos. Organizado en dos niveles, combina arcos rebajados en la planta baja con delicados arquillos mixtilíneos en el piso superior, constituyendo un magnífico ejemplo de la arquitectura conventual en la ciudad. También pertenece a esta fase el antiguo coro de la iglesia primitiva, cubierto por una bóveda estrellada decorada con sorprendentes pinturas de dragones y motivos simbólicos vinculados a la espiritualidad de finales de la Edad Media.
La iglesia actual fue levantada en el siglo XVII siguiendo trazas de Melchor de Luzón y enriquecida durante el siglo XVIII con una exuberante decoración barroca y rococó. Presenta planta de cruz latina, capillas laterales comunicadas y el crucero se encuentra cubierto por una cúpula semiesférica sobre pechinas. Exteriormente, la iglesia ofrece una imagen muy característica dentro del patrimonio murciano. Su portada barroca destaca por la sencillez de sus líneas y por los elementos decorativos vegetales de tradición dieciochesca. En la hornacina que abre sobre la entrada encontramos la figura de San Francisco. Sin embargo, el rasgo más distintivo de la fachada son los dos cuerpos superiores con celosías que flanquean el conjunto. Estos singulares miradores permitían a las religiosas contemplar determinadas ceremonias y acontecimientos sin abandonar la clausura, convirtiéndose con el paso del tiempo en uno de los elementos más reconocibles del monasterio.
Al interior, destaca la rica decoración a base de yeserías barrocas que recorre la parte superior de las pilastras, cornisas, pechinas y el interior de la cúpula. Destaca el gran escudo real que se ubica sobre el presbiterio, destacando el patronato de la corona sobre el monasterio. Al entrar al templo, las miradas se dirigen hacia el espectacular tabernáculo-retablo realizado hacia 1755 por José Ganga Ripoll y Francisco Salzillo. Concebido como una estructura exenta de inspiración italiana, permite contemplar las esculturas desde distintos puntos de vista y constituye una de las creaciones más originales del barroco murciano. También se conservan importantes obras de Salzillo, como la Inmaculada Concepción y el grupo de San José con el Niño.






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Monasterio de Santa Clara la Real (Murcia)
El monasterio de Santa Clara la Real ocupa uno de los enclaves históricos más singulares de Murcia, pues en él conviven más de ocho siglos de historia cristiana con algunos de los restos más importantes conservados de la Murcia islámica. El conjunto monástico se asienta sobre el antiguo Alcázar Menor o Al-Qasr al-Sagir, palacio de recreo construido por los soberanos musulmanes de Murcia durante el siglo XIII y, a su vez, sobre estructuras palatinas aún más antiguas vinculadas al reinado de Ibn Mardanis, el célebre Rey Lobo. Tras la incorporación definitiva de Murcia a Castilla, el antiguo palacio pasó a manos de la Corona hasta que, en 1365, Pedro I lo donó a la comunidad de clarisas, que ha permanecido en este lugar desde entonces.
El actual monasterio es el resultado de sucesivas transformaciones realizadas entre los siglos XIV y XVIII. De la etapa final del gótico se conserva el magnífico claustro, construido bajo el patrocinio de los Reyes Católicos. Organizado en dos niveles, combina arcos rebajados en la planta baja con delicados arquillos mixtilíneos en el piso superior, constituyendo un magnífico ejemplo de la arquitectura conventual en la ciudad. También pertenece a esta fase el antiguo coro de la iglesia primitiva, cubierto por una bóveda estrellada decorada con sorprendentes pinturas de dragones y motivos simbólicos vinculados a la espiritualidad de finales de la Edad Media.
La iglesia actual fue levantada en el siglo XVII siguiendo trazas de Melchor de Luzón y enriquecida durante el siglo XVIII con una exuberante decoración barroca y rococó. Presenta planta de cruz latina, capillas laterales comunicadas y el crucero se encuentra cubierto por una cúpula semiesférica sobre pechinas. Exteriormente, la iglesia ofrece una imagen muy característica dentro del patrimonio murciano. Su portada barroca destaca por la sencillez de sus líneas y por los elementos decorativos vegetales de tradición dieciochesca. En la hornacina que abre sobre la entrada encontramos la figura de San Francisco. Sin embargo, el rasgo más distintivo de la fachada son los dos cuerpos superiores con celosías que flanquean el conjunto. Estos singulares miradores permitían a las religiosas contemplar determinadas ceremonias y acontecimientos sin abandonar la clausura, convirtiéndose con el paso del tiempo en uno de los elementos más reconocibles del monasterio.
Al interior, destaca la rica decoración a base de yeserías barrocas que recorre la parte superior de las pilastras, cornisas, pechinas y el interior de la cúpula. Destaca el gran escudo real que se ubica sobre el presbiterio, destacando el patronato de la corona sobre el monasterio. Al entrar al templo, las miradas se dirigen hacia el espectacular tabernáculo-retablo realizado hacia 1755 por José Ganga Ripoll y Francisco Salzillo. Concebido como una estructura exenta de inspiración italiana, permite contemplar las esculturas desde distintos puntos de vista y constituye una de las creaciones más originales del barroco murciano. También se conservan importantes obras de Salzillo, como la Inmaculada Concepción y el grupo de San José con el Niño.










