PALACIO EPISCOPAL DE MURCIA
El Palacio Episcopal se sitúa en Murcia, en pleno casco histórico, formando parte del enclave más representativo de la ciudad: la plaza del Cardenal Belluga. Frente a la fachada principal de la catedral, el edificio forma parte de un conjunto urbano de gran valor simbólico y monumental. Hacia el sur, el palacio se abre también a la Glorieta de España y al río Segura. Además, ocupa un lugar cargado de memoria histórica, vinculado desde época islámica a las estructuras de poder que articulaban la ciudad.
El edificio actual fue construido en el siglo XVIII, entre aproximadamente 1748 y 1768, dentro del contexto de renovación urbana promovido tras la finalización de la nueva fachada de la catedral.
Se trata de un destacado ejemplo del rococó, con influencias italianas y francesas, especialmente visibles en su decoración. La promoción del edificio correspondió al obispo Juan Mateo López.
En cuanto a su autoría, intervinieron varios maestros a lo largo del proceso constructivo. Entre ellos destacan José López, que dirigió una fase importante de las obras, y Baltasar Canestro, quien aportó la configuración definitiva del edificio y su carácter ornamental.
La decoración pictórica de la fachada principal se atribuye al pintor italiano Paolo Pedemonte, autor de las composiciones murales que singularizan el conjunto.
Historia
El solar del actual palacio tiene un origen muy anterior al edificio que hoy contemplamos. Durante la etapa islámica formaba parte del Alcázar Mayor, integrándose en el complejo palatino de la ciudad. Tras la conquista cristiana, este espacio fue destinado a residencia episcopal, función que ha mantenido a lo largo de los siglos.
El antiguo palacio, desarrollado entre los siglos XIII y XVI, presentaba una estructura irregular, fruto de ampliaciones sucesivas y de una organización espacial de carácter orgánico, heredera de tradiciones constructivas islámicas y mudéjares.
En el siglo XVIII, la construcción de la nueva fachada de la catedral impulsó una transformación integral del entorno. Como parte de este proceso, se decidió levantar un nuevo palacio episcopal acorde con la monumentalidad del conjunto. Para ello, se demolieron edificaciones anteriores y se proyectó un edificio completamente nuevo frente a la catedral.
Las obras se desarrollaron en varias fases. Inicialmente participaron maestros locales vinculados a la construcción de la catedral, como Pedro Pagán, José Alcani o Martín Solera. Posteriormente, la dirección fue asumida por José López, discípulo de Jaime Bort, arquitecto de la fachada catedralicia. Finalmente, el arquitecto italiano Baltasar Canestro introdujo las soluciones definitivas, especialmente en la decoración y en la configuración final del edificio, que quedó concluido en 1768.
A lo largo de su historia, el palacio ha sido escenario de episodios relevantes. Durante la Guerra de la Independencia fue utilizado como cuartel general por las tropas francesas. En el siglo XIX acogió a la familia real en diversas visitas, y durante la revolución cantonal de 1873 fue utilizado como sede de la Junta revolucionaria.
Descripción
El Palacio Episcopal presenta una planta cuadrada organizada en torno a un patio central, con un desarrollo en altura moderado y una volumetría clara. Esta estructura responde a una concepción ordenada y representativa, propia de la arquitectura institucional del siglo XVIII, aunque enriquecida por una decoración que aporta dinamismo y movimiento al conjunto.
Exterior
El edificio presenta dos fachadas principales, cada una con un carácter diferenciado.
La fachada que da a la plaza del Cardenal Belluga es la más representativa. En ella se abre una portada central con arco de ingreso ligeramente abocinado, flanqueado por pilastras jónicas decoradas con emblemas episcopales. Sobre este acceso se sitúa un gran balcón institucional presidido por el escudo del obispo Diego de Rojas y Contreras, que actúa como eje compositivo de toda la fachada.
A ambos lados se disponen puertas, una de las cuales da acceso a la capilla del palacio. Todo el conjunto se enriquece con una decoración en la que se combinan elementos escultóricos —escudos, molduras, relieves— con una singular decoración pictórica que recubre los paramentos. Estas pinturas, organizadas en paneles con rocallas, cornucopias y molduras fingidas, generan un efecto de tapiz y constituyen uno de los rasgos más originales del edificio.
La fachada posterior, orientada hacia la Glorieta y el río, presenta una composición más abierta. Su portada se organiza mediante un acceso central flanqueado por columnas, sobre el que se dispone un balcón con barandilla de forja, rematado por el correspondiente escudo episcopal.
En este frente destaca el llamado “Martillo”, un cuerpo en ángulo que sobresale hacia el río. Concebido como mirador, permitía al obispo contemplar el paisaje del Segura y los jardines del paseo, al tiempo que actuaba como elemento de cierre urbano de la Glorieta.
Interior
El interior se articula en torno a un patio o claustro de dos niveles. El cuerpo inferior presenta arcos de medio punto apoyados en pilastras toscanas, mientras que el superior introduce pilastras jónicas y balcones que aportan mayor ligereza visual.
En estos balcones aparece uno de los elementos decorativos más interesantes: una serie de medallones pétreos con efigies de obispos, integrados en los antepechos. Estas representaciones refuerzan el carácter institucional del edificio, incorporando a la arquitectura la memoria histórica de la diócesis.
Desde el claustro arranca la escalera principal, que conduce a la planta noble, donde se sitúan las dependencias representativas.
Entre los espacios interiores destaca la capilla, de planta circular, decorada con pilastras corintias y una cornisa rococó, ejemplo de la integración entre arquitectura y ornamento característica del edificio.








Postales antiguas con imágenes del palacio episcopal de Murcia. La primera es de hacia 1911 y la segunda de hacia 1930. Archivo General de la Región de Murcia.
Visita
El Palacio Episcopal es actualmente sede de la Diócesis de Cartagena, por lo que el acceso al interior está limitado al claustro y condicionado a la actividad institucional. No obstante, su contemplación exterior es libre y constituye una de las experiencias esenciales del centro histórico de Murcia.
Para información actualizada puede consultarse el sitio web oficial del Obispado de Cartagena.




Portada principal del palacio episcopal, hacia la plaza Cardenal Belluga.
Portada del palacio episcopal hacia la Glorieta de España.


