Real Casino de Murcia

Situado en la calle Trapería, en pleno centro histórico, el Real Casino de Murcia es uno de los edificios civiles más representativos de la ciudad y un excepcional testimonio de la arquitectura y la sociedad murciana de los siglos XIX y XX. Sus salones fueron durante generaciones escenario de tertulias, bailes, reuniones y actividades culturales. Su configuración actual es fruto de un largo proceso de ampliaciones y reformas, circunstancia que explica su marcado carácter ecléctico y la convivencia de ambientes inspirados en estilos tan diversos como el neobarroco, el orientalismo neonazarí o la arquitectura clásica. En 1983 el edificio fue declarado monumento histórico-artístico nacional y actualmente está protegido como Bien de Interés Cultural.

Orígenes e historia del Real Casino de Murcia

La aparición de los casinos en la España del siglo XIX estuvo estrechamente relacionada con el desarrollo de la sociedad liberal y el protagonismo creciente de las burguesías urbanas. Lejos del significado actual que suele asociar la palabra “casino” con los juegos de azar, estas instituciones eran sociedades recreativas y culturales donde sus miembros se reunían para conversar, leer la prensa, asistir a bailes y veladas o participar en tertulias. Al mismo tiempo, funcionaban como importantes espacios de relación entre las élites económicas, profesionales y políticas de las ciudades.

El Casino de Murcia nació en este contexto. La sociedad fue constituida en 1847 y tuvo inicialmente su sede en un palacete del marqués del Vado que se encontraba en la actual calle Radio Murcia, donde se encuentra el acceso trasero al Casino en la actualidad. Allí se construyó el germen original del edificio. El crecimiento de la institución llevó a incorporar progresivamente diferentes inmuebles hasta formar el complejo arquitectónico actual, que se extiende hasta la calle Trapería, donde se sitúa la fachada principal.

Esta evolución explica que el edificio no responda a un único proyecto ni a un solo arquitecto. Su configuración se desarrolló durante décadas y contó con la participación de diferentes profesionales. Entre ellos destaca Pedro Cerdán Martínez, figura fundamental de la arquitectura murciana de finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuya intervención estuvo vinculada a importantes reformas del conjunto. Otra figura de enorme importancia en la historia del Casino es Manuel Castaños, responsable de una gran parte de la espléndida decoración escultórica con la que cuenta varias estancias del edificio.

Durante este periodo, el Casino se consolidó también como uno de los principales escenarios de la vida cultural de Murcia. En 1883, con motivo del primer centenario de la muerte de Francisco Salzillo, sus salones acogieron una exposición de esculturas procedentes de colecciones particulares y una velada literaria y musical dedicada al artista, ejemplo de la dimensión cultural que llegó a alcanzar la institución.

El edificio y sus principales estancias

La fachada principal, abierta a la calle Trapería y fechada en 1902, constituye la imagen más reconocible del Real Casino. Vinculada arquitectónicamente a Pedro Cerdán y decorativamente a Manuel Castaños, presenta una composición ecléctica en piedra arenisca sobre un zócalo de mármol rojo de Cehegín. El monumental acceso anticipa la riqueza ornamental que caracteriza al interior.

A ambos lados de la entrada se encuentran las populares Peceras, dos salones de tertulia dotados de grandes ventanales desde los que los socios podían contemplar el movimiento de la calle Trapería. Su disposición refleja perfectamente una de las funciones tradicionales del Casino como lugar de encuentro y conversación, a medio camino entre la privacidad de la institución y la vida cotidiana de la ciudad. Son lugares tanto para ver como para ser vistos, ya que frecuentar el Casino era una forma de dejar claro la pertenencia a la élite socio económica de la ciudad.

Tras el acceso aparece el espectacular Patio Árabe, decorado por Manuel Castaños siguiendo modelos neonazaríes inspirados especialmente en la Alhambra. Arcos, yeserías y una abundante decoración dorada crean uno de los ambientes más singulares del edificio, cubierto por una gran estructura de hierro y cristal que permite la entrada de luz natural.

La Biblioteca Inglesa ofrece un ambiente completamente diferente. Creada inicialmente a partir de diseños de Pedro Cerdán y reformada posteriormente según un proyecto de la firma británica Waring & Gillow, se caracteriza por el predominio de la madera y por una galería superior que recorre la estancia. Sus importantes fondos bibliográficos recuerdan el papel que la lectura y la cultura desempeñaban en la vida de los casinos decimonónicos.

Frente a ella se encuentra el Congresillo, lugar de reunión tradicional de destacados miembros de las élites sociales, económicas y políticas murcianas. Su nombre alude precisamente a las tertulias y conversaciones que allí se desarrollaban y a la influencia que popularmente se atribuía a algunos de sus participantes en la vida pública de la ciudad.

El espacio más monumental del conjunto es el Salón de Baile, construido entre 1870 y 1875 bajo la dirección de José Ramón Berenguer. Su suntuosa decoración neobarroca, los grandes espejos, las molduras doradas y sus espectaculares lámparas de bronce y cristal componían el escenario de los principales bailes y celebraciones sociales organizados por la institución.

El Patio Pompeyano, configurado en 1893, muestra otra de las vertientes del eclecticismo del edificio. Sus columnas de orden jónico y su decoración escultórica evocan la Antigüedad clásica y la fascinación que los descubrimientos arqueológicos de Pompeya ejercieron sobre la cultura europea del siglo XIX.

Por último, la Sala de Esgrima o Sala de Armas recuerda la diversidad de actividades desarrolladas en estos centros de sociabilidad. La práctica de la esgrima, asociada durante el siglo XIX tanto al ejercicio físico como a determinados códigos de educación y distinción social, encontraba también su espacio dentro de las dependencias del Casino. Estas son solo algunas de las estancias del Casino, en concreto aquellas que son visitables en la actualidad por el público en general, ya que una buena parte del complejo sigue siendo de acceso exclusivo para los socios de la institución.

El recorrido por el Real Casino de Murcia permite así pasar, en apenas unos metros, de la evocación del mundo andalusí a la Antigüedad clásica, de una biblioteca de ambiente británico a un gran salón neobarroco. Esta diversidad constituye precisamente una de las principales singularidades del edificio y refleja el gusto ecléctico de la época en que adquirió su configuración definitiva. Al mismo tiempo, sus espacios conservan la memoria de una institución estrechamente ligada durante más de un siglo y medio a la historia social y cultural de Murcia.

Web Oficial: realcasinomurcia.com/

Real Casino de Murcia

Situado en la calle Trapería, en pleno centro histórico, el Real Casino de Murcia es uno de los edificios civiles más representativos de la ciudad y un excepcional testimonio de la arquitectura y la sociedad murciana de los siglos XIX y XX. Sus salones fueron durante generaciones escenario de tertulias, bailes, reuniones y actividades culturales. Su configuración actual es fruto de un largo proceso de ampliaciones y reformas, circunstancia que explica su marcado carácter ecléctico y la convivencia de ambientes inspirados en estilos tan diversos como el neobarroco, el orientalismo neonazarí o la arquitectura clásica. En 1983 el edificio fue declarado monumento histórico-artístico nacional y actualmente está protegido como Bien de Interés Cultural.

Orígenes e historia del Real Casino de Murcia

La aparición de los casinos en la España del siglo XIX estuvo estrechamente relacionada con el desarrollo de la sociedad liberal y el protagonismo creciente de las burguesías urbanas. Lejos del significado actual que suele asociar la palabra “casino” con los juegos de azar, estas instituciones eran sociedades recreativas y culturales donde sus miembros se reunían para conversar, leer la prensa, asistir a bailes y veladas o participar en tertulias. Al mismo tiempo, funcionaban como importantes espacios de relación entre las élites económicas, profesionales y políticas de las ciudades.

El Casino de Murcia nació en este contexto. La sociedad fue constituida en 1847 y tuvo inicialmente su sede en un palacete del marqués del Vado que se encontraba en la actual calle Radio Murcia, donde se encuentra el acceso trasero al Casino en la actualidad. Allí se construyó el germen original del edificio. El crecimiento de la institución llevó a incorporar progresivamente diferentes inmuebles hasta formar el complejo arquitectónico actual, que se extiende hasta la calle Trapería, donde se sitúa la fachada principal.

Esta evolución explica que el edificio no responda a un único proyecto ni a un solo arquitecto. Su configuración se desarrolló durante décadas y contó con la participación de diferentes profesionales. Entre ellos destaca Pedro Cerdán Martínez, figura fundamental de la arquitectura murciana de finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuya intervención estuvo vinculada a importantes reformas del conjunto. Otra figura de enorme importancia en la historia del Casino es Manuel Castaños, responsable de una gran parte de la espléndida decoración escultórica con la que cuenta varias estancias del edificio.

Durante este periodo, el Casino se consolidó también como uno de los principales escenarios de la vida cultural de Murcia. En 1883, con motivo del primer centenario de la muerte de Francisco Salzillo, sus salones acogieron una exposición de esculturas procedentes de colecciones particulares y una velada literaria y musical dedicada al artista, ejemplo de la dimensión cultural que llegó a alcanzar la institución.

El edificio y sus principales estancias

La fachada principal, abierta a la calle Trapería y fechada en 1902, constituye la imagen más reconocible del Real Casino. Vinculada arquitectónicamente a Pedro Cerdán y decorativamente a Manuel Castaños, presenta una composición ecléctica en piedra arenisca sobre un zócalo de mármol rojo de Cehegín. El monumental acceso anticipa la riqueza ornamental que caracteriza al interior.

A ambos lados de la entrada se encuentran las populares Peceras, dos salones de tertulia dotados de grandes ventanales desde los que los socios podían contemplar el movimiento de la calle Trapería. Su disposición refleja perfectamente una de las funciones tradicionales del Casino como lugar de encuentro y conversación, a medio camino entre la privacidad de la institución y la vida cotidiana de la ciudad. Son lugares tanto para ver como para ser vistos, ya que frecuentar el Casino era una forma de dejar claro la pertenencia a la élite socio económica de la ciudad.

Tras el acceso aparece el espectacular Patio Árabe, decorado por Manuel Castaños siguiendo modelos neonazaríes inspirados especialmente en la Alhambra. Arcos, yeserías y una abundante decoración dorada crean uno de los ambientes más singulares del edificio, cubierto por una gran estructura de hierro y cristal que permite la entrada de luz natural.

La Biblioteca Inglesa ofrece un ambiente completamente diferente. Creada inicialmente a partir de diseños de Pedro Cerdán y reformada posteriormente según un proyecto de la firma británica Waring & Gillow, se caracteriza por el predominio de la madera y por una galería superior que recorre la estancia. Sus importantes fondos bibliográficos recuerdan el papel que la lectura y la cultura desempeñaban en la vida de los casinos decimonónicos.

Frente a ella se encuentra el Congresillo, lugar de reunión tradicional de destacados miembros de las élites sociales, económicas y políticas murcianas. Su nombre alude precisamente a las tertulias y conversaciones que allí se desarrollaban y a la influencia que popularmente se atribuía a algunos de sus participantes en la vida pública de la ciudad.

El espacio más monumental del conjunto es el Salón de Baile, construido entre 1870 y 1875 bajo la dirección de José Ramón Berenguer. Su suntuosa decoración neobarroca, los grandes espejos, las molduras doradas y sus espectaculares lámparas de bronce y cristal componían el escenario de los principales bailes y celebraciones sociales organizados por la institución.

El Patio Pompeyano, configurado en 1893, muestra otra de las vertientes del eclecticismo del edificio. Sus columnas de orden jónico y su decoración escultórica evocan la Antigüedad clásica y la fascinación que los descubrimientos arqueológicos de Pompeya ejercieron sobre la cultura europea del siglo XIX.

Por último, la Sala de Esgrima o Sala de Armas recuerda la diversidad de actividades desarrolladas en estos centros de sociabilidad. La práctica de la esgrima, asociada durante el siglo XIX tanto al ejercicio físico como a determinados códigos de educación y distinción social, encontraba también su espacio dentro de las dependencias del Casino. Estas son solo algunas de las estancias del Casino, en concreto aquellas que son visitables en la actualidad por el público en general, ya que una buena parte del complejo sigue siendo de acceso exclusivo para los socios de la institución.

El recorrido por el Real Casino de Murcia permite así pasar, en apenas unos metros, de la evocación del mundo andalusí a la Antigüedad clásica, de una biblioteca de ambiente británico a un gran salón neobarroco. Esta diversidad constituye precisamente una de las principales singularidades del edificio y refleja el gusto ecléctico de la época en que adquirió su configuración definitiva. Al mismo tiempo, sus espacios conservan la memoria de una institución estrechamente ligada durante más de un siglo y medio a la historia social y cultural de Murcia.

Web Oficial: realcasinomurcia.com/