Imafronte de la catedral de Murcia
La esplendorosa fachada principal de la catedral de Murcia es en sí misma una expresión de la apoteosis del arte barroco, no solo a nivel regional o nacional sino incluso a nivel europeo. Conocida generalmente como “imafronte”, expresión con la que se alude a la “fachada que se levanta a los pies de una iglesia o una catedral, opuesta a la cabecera”.
El imafronte de la catedral de Murcia presenta una monumental composición barroca que fue concebida no solo como la entrada principal al templo, sino también como una gran proclamación visual de la identidad de la diócesis de Cartagena. Su extraordinaria riqueza arquitectónica y escultórica la ha convertido en una de las creaciones más reconocibles del patrimonio español y en la imagen más emblemática de la ciudad de Murcia, junto con la torre de la misma catedral.
En este artículo vamos a tratar de exponer los aspectos más interesantes de esta colosal obra. Pero si quieres conocer en profundidad no solo el imafronte sino todo el conjunto catedralicia, la mejor opción es nuestra visita guiada a la catedral de Murcia. Un recorrido de unas dos horas por el exterior e interior de la catedral, incluyendo su museo, de la mano de un guía oficial experto en historia, arquitectura y patrimonio histórico. No dudes en contactar para reservar o solicitar más información.
Historia de su construcción
La actual fachada sustituyó a otra anterior construida en el siglo XVI bajo la dirección de Jerónimo Quijano. A comienzos del siglo XVIII aquella portada renacentista presentaba graves problemas estructurales provocados por los frecuentes terremotos y por las riadas que periódicamente afectaban a la ciudad. Tras diversos informes técnicos, entre ellos los realizados por el ingeniero militar Sebastián Feringán, el Cabildo catedralicio decidió adoptar una solución radical: derribar completamente el antiguo frente occidental y levantar una nueva fachada acorde con la importancia del principal templo de la diócesis.
La demolición comenzó en 1732, aunque las obras de la nueva fachada no arrancaron hasta 1737. El encargo recayó en Jaime Bort, arquitecto y escultor nacido en el antiguo Reino de Valencia, cuya personalidad artística marcaría decisivamente el resultado final. Durante más de una década dirigió personalmente la extracción de materiales, el diseño arquitectónico, la organización de los talleres y la ejecución de las esculturas. A sus órdenes trabajaron numerosos canteros, escultores y artesanos, entre ellos Vicente Bort, Manuel Bergaz, Jaime Campos o Pedro Fernández. Cuando Jaime Bort fue llamado a Madrid en 1748, la dirección pasó a Pedro Fernández, quien concluyó la obra en 1754.
La documentación conservada indica que el proyecto concebido por Jaime Bort era incluso más ambicioso que la fachada finalmente ejecutada. Diversas decisiones adoptadas durante la fase final de las obras llevaron a modificar el diseño previsto inicialmente y a suprimir uno de los cuerpos contemplados en la traza original, aunque la desaparición de los dibujos del proyecto impide reconstruir con precisión su aspecto definitivo.
Un gran retablo de piedra
La fachada fue concebida como un gigantesco retablo urbano orientado hacia la actual plaza del Cardenal Belluga. Su función iba mucho más allá de la simple protección del acceso al templo: debía impresionar al visitante, transmitir los principales mensajes de la fe católica y exaltar la historia de la diócesis.
La composición se organiza mediante dos grandes cuerpos horizontales y tres calles verticales delimitadas por enormes columnas corintias. Las calles laterales se unen a la central mediante grandes volutas que aportan movimiento al conjunto. La calle principal culmina en una espectacular exedra que alberga el relieve de la Asunción de la Virgen, auténtico remate visual de toda la composición.
Uno de los aspectos más logrados del imafronte es la combinación de arquitectura y escultura. Las superficies avanzan y retroceden mediante juegos de planos cóncavos y convexos que generan fuertes efectos de claroscuro. A ello se suma una abundante decoración escultórica integrada en hornacinas, relieves, medallones, cornisas y entablamentos, creando una sensación de movimiento y teatralidad característica del Barroco.
Para su construcción se emplearon distintos tipos de piedra procedentes principalmente de las canteras de Los Garres, Mayayo y Abanilla. Jaime Bort concedió gran importancia a los acabados superficiales y al tratamiento cromático de los materiales, utilizando diferentes técnicas de pulido y protección que contribuían a enriquecer visualmente el conjunto. Los zócalos y algunas partes de las portadas fueron ejecutados en mármol gris, mientras que el resto se realizó en piedra caliza cuidadosamente trabajada.
El imafronte y el Barroco europeo
La fachada de la Catedral de Murcia no puede entenderse únicamente como una obra del barroco español. En ella confluyen influencias muy diversas procedentes de la arquitectura italiana, francesa y centroeuropea, integradas con gran libertad por Jaime Bort.
La monumentalidad de su composición recuerda a las grandes fachadas romanas del Barroco, mientras que la utilización de los órdenes clásicos y la organización general del conjunto muestran afinidades con la arquitectura francesa del siglo XVIII. Al mismo tiempo, la riqueza decorativa y la integración entre arquitectura y escultura evocan modelos desarrollados en Sicilia y en el sur de Italia. El resultado no es una copia de ninguna de estas tradiciones, sino una creación profundamente original que sintetiza múltiples influencias dentro de un lenguaje propio.
Esta capacidad de síntesis explica que numerosos historiadores hayan considerado el imafronte murciano una de las realizaciones más personales del Barroco europeo del siglo XVIII.
Reflejo de la historia de la diócesis de Cartagena
Si la arquitectura proporciona la estructura del monumento, la escultura aporta su significado. El programa iconográfico fue cuidadosamente elaborado para presentar la historia sagrada de la diócesis de Cartagena y reforzar su prestigio dentro de la Iglesia española.
La protagonista absoluta es la Virgen María, titular de la Catedral. Su presencia domina toda la composición. En el centro de la fachada aparece la imagen de la Virgen de las Gracias, patrona del templo, rodeada por ángeles y arcángeles. Sobre ella se desarrolla el gran relieve de la Asunción, que culmina visual y simbólicamente el conjunto. También están representados los padres de la Virgen, san Joaquín y santa Ana, y otros episodios marianos, como la Anunciación o la Inmaculada Concepción, representados en dos espléndidos relieves a ambos lados de la entrada principal.
Junto a María aparecen los principales santos vinculados a la diócesis. Entre ellos destacan los Cuatro Santos de Cartagena (san Fulgencio, san Isidoro, san Leandro y santa Florentina), figuras fundamentales en la tradición histórica del antiguo obispado. También se representan san Fernando, san Hermenegildo, san José, san Juan Bautista y numerosos apóstoles, mártires y personajes relacionados con la historia religiosa de la región. La Cruz de Caravaca, sobre la vidriera central, ocupa igualmente un lugar destacado dentro del programa iconográfico.
La fachada estuvo coronada originalmente por una monumental escultura de Santiago Apóstol plantando la cruz. Esta imagen aludía a la antigua tradición según la cual el apóstol habría llegado a Hispania a través del puerto de Cartagena, simbolizando el origen apostólico de la diócesis. Aunque la estatua fue retirada en 1803 por motivos de estabilidad, su significado continúa siendo esencial para comprender el mensaje global del monumento.
Una fachada con tres puertas
Las tres grandes puertas de acceso se corresponden a las tres naves interiores del templo y forman parte del discurso simbólico de la fachada.
La puerta central, denominada Puerta del Perdón, constituye el acceso principal sobre ella se sitúa la imagen de la Virgen de las Gracias, subrayando el carácter mariano de la Catedral. Entre este conjunto escultórico y la puerta propiamente dicha encontramos un bajo relieve con una corona real coronando una jarra de azucenas. Este símbolo alude al hecho de que esta es la entrada reservada al rey o a la familia real. También salen por esta puerta las procesiones del Corpus Christi o de la Virgen de la Fuensanta, simbolizando la realeza de Cristo y de su Madre.
A la derecha se encuentra la Puerta de San José o del Concejo, vinculada al esposo de María y protector de la Sagrada Familia. Sobre la puerta encontramos el escudo de la ciudad, ya que esta puerta era la utilizada en determinadas ceremonias por el alcalde y los miembros del concejo de la ciudad.
En el lado opuesto se abre la Puerta de San Juan Bautista o del Cabildo, reservada tradicionalmente para el acceso del obispo y los miembros del cabildo catedralicio. El escudo que aparece entre la escultura del bautista y la puerta es el del Cardenal Luis Belluga, uno de los grandes patrocinadores de la construcción de este imafronte, ya que estuvo enviando fondos destinados a este fin desde Roma.
La gran obra del Barroco murciano
La fachada principal de la Catedral constituye la culminación de la arquitectura barroca desarrollada en Murcia durante el siglo XVIII. Ningún otro monumento de la ciudad reúne con semejante intensidad arquitectura, escultura, urbanismo, simbolismo religioso e identidad histórica.
Además de transformar la imagen de la Catedral, su construcción modificó profundamente el entorno urbano y contribuyó a la creación del espacio que hoy ocupa la plaza del Cardenal Belluga. Concebida para dialogar con la ciudad y proyectar visualmente la autoridad espiritual de la diócesis, la fachada sigue cumpliendo casi tres siglos después la función para la que fue creada: impresionar al visitante y presentar, mediante un extraordinario lenguaje artístico, la historia y las creencias de la Iglesia de Cartagena.
Por su originalidad compositiva, la calidad de su ejecución y la complejidad de su programa iconográfico, el imafronte de la Catedral de Murcia ocupa un lugar destacado dentro de la arquitectura barroca europea y constituye una de las obras más importantes del patrimonio histórico-artístico de la Región de Murcia.
Grabado con la fachada principal de la catedral aparecido en el libro de Émile Bégin "Voyage pittoresque en Espagne et en Portugal" (1852)
Visita guiada a la catedral de Murcia
La mejor manera de conocer la catedral de Murcia. Una visita de unas dos horas que hacer un recorrido completo por el exterior e interior del templo, incluyendo su museo. Con guía oficial de turismo, graduado en historia y experto en arquitectura y patrimonio histórico.




Los "cuatro santos de Cartagena" flanquean la puerta principal: a la izquierda san Leandro y san Fulgencio, y a la derecha san Isidoro y santa Florentina.








Visita guiada a la catedral de Murcia
La mejor manera de conocer la catedral de Murcia. Una visita de unas dos horas que hacer un recorrido completo por el exterior e interior del templo, incluyendo su museo. Con guía oficial de turismo, graduado en historia y experto en arquitectura y patrimonio histórico.
Imafronte de la catedral de Murcia
La esplendorosa fachada principal de la catedral de Murcia es en sí misma una expresión de la apoteosis del arte barroco, no solo a nivel regional o nacional sino incluso a nivel europeo. Conocida generalmente como “imafronte”, expresión con la que se alude a la “fachada que se levanta a los pies de una iglesia o una catedral, opuesta a la cabecera”.
El imafronte de la catedral de Murcia presenta una monumental composición barroca que fue concebida no solo como la entrada principal al templo, sino también como una gran proclamación visual de la identidad de la diócesis de Cartagena. Su extraordinaria riqueza arquitectónica y escultórica la ha convertido en una de las creaciones más reconocibles del patrimonio español y en la imagen más emblemática de la ciudad de Murcia, junto con la torre de la misma catedral.
En este artículo vamos a tratar de exponer los aspectos más interesantes de esta colosal obra. Pero si quieres conocer en profundidad no solo el imafronte sino todo el conjunto catedralicia, la mejor opción es nuestra visita guiada a la catedral de Murcia. Un recorrido de unas dos horas por el exterior e interior de la catedral, incluyendo su museo, de la mano de un guía oficial experto en historia, arquitectura y patrimonio histórico. No dudes en contactar para reservar o solicitar más información.
Historia de su construcción
La actual fachada sustituyó a otra anterior construida en el siglo XVI bajo la dirección de Jerónimo Quijano. A comienzos del siglo XVIII aquella portada renacentista presentaba graves problemas estructurales provocados por los frecuentes terremotos y por las riadas que periódicamente afectaban a la ciudad. Tras diversos informes técnicos, entre ellos los realizados por el ingeniero militar Sebastián Feringán, el Cabildo catedralicio decidió adoptar una solución radical: derribar completamente el antiguo frente occidental y levantar una nueva fachada acorde con la importancia del principal templo de la diócesis.
La demolición comenzó en 1732, aunque las obras de la nueva fachada no arrancaron hasta 1737. El encargo recayó en Jaime Bort, arquitecto y escultor nacido en el antiguo Reino de Valencia, cuya personalidad artística marcaría decisivamente el resultado final. Durante más de una década dirigió personalmente la extracción de materiales, el diseño arquitectónico, la organización de los talleres y la ejecución de las esculturas. A sus órdenes trabajaron numerosos canteros, escultores y artesanos, entre ellos Vicente Bort, Manuel Bergaz, Jaime Campos o Pedro Fernández. Cuando Jaime Bort fue llamado a Madrid en 1748, la dirección pasó a Pedro Fernández, quien concluyó la obra en 1754.
La documentación conservada indica que el proyecto concebido por Jaime Bort era incluso más ambicioso que la fachada finalmente ejecutada. Diversas decisiones adoptadas durante la fase final de las obras llevaron a modificar el diseño previsto inicialmente y a suprimir uno de los cuerpos contemplados en la traza original, aunque la desaparición de los dibujos del proyecto impide reconstruir con precisión su aspecto definitivo.
Un gran retablo de piedra
La fachada fue concebida como un gigantesco retablo urbano orientado hacia la actual plaza del Cardenal Belluga. Su función iba mucho más allá de la simple protección del acceso al templo: debía impresionar al visitante, transmitir los principales mensajes de la fe católica y exaltar la historia de la diócesis.
La composición se organiza mediante dos grandes cuerpos horizontales y tres calles verticales delimitadas por enormes columnas corintias. Las calles laterales se unen a la central mediante grandes volutas que aportan movimiento al conjunto. La calle principal culmina en una espectacular exedra que alberga el relieve de la Asunción de la Virgen, auténtico remate visual de toda la composición.
Uno de los aspectos más logrados del imafronte es la combinación de arquitectura y escultura. Las superficies avanzan y retroceden mediante juegos de planos cóncavos y convexos que generan fuertes efectos de claroscuro. A ello se suma una abundante decoración escultórica integrada en hornacinas, relieves, medallones, cornisas y entablamentos, creando una sensación de movimiento y teatralidad característica del Barroco.
Para su construcción se emplearon distintos tipos de piedra procedentes principalmente de las canteras de Los Garres, Mayayo y Abanilla. Jaime Bort concedió gran importancia a los acabados superficiales y al tratamiento cromático de los materiales, utilizando diferentes técnicas de pulido y protección que contribuían a enriquecer visualmente el conjunto. Los zócalos y algunas partes de las portadas fueron ejecutados en mármol gris, mientras que el resto se realizó en piedra caliza cuidadosamente trabajada.
El imafronte y el Barroco europeo
La fachada de la Catedral de Murcia no puede entenderse únicamente como una obra del barroco español. En ella confluyen influencias muy diversas procedentes de la arquitectura italiana, francesa y centroeuropea, integradas con gran libertad por Jaime Bort.
La monumentalidad de su composición recuerda a las grandes fachadas romanas del Barroco, mientras que la utilización de los órdenes clásicos y la organización general del conjunto muestran afinidades con la arquitectura francesa del siglo XVIII. Al mismo tiempo, la riqueza decorativa y la integración entre arquitectura y escultura evocan modelos desarrollados en Sicilia y en el sur de Italia. El resultado no es una copia de ninguna de estas tradiciones, sino una creación profundamente original que sintetiza múltiples influencias dentro de un lenguaje propio.
Esta capacidad de síntesis explica que numerosos historiadores hayan considerado el imafronte murciano una de las realizaciones más personales del Barroco europeo del siglo XVIII.
Reflejo de la historia de la diócesis de Cartagena
Si la arquitectura proporciona la estructura del monumento, la escultura aporta su significado. El programa iconográfico fue cuidadosamente elaborado para presentar la historia sagrada de la diócesis de Cartagena y reforzar su prestigio dentro de la Iglesia española.
La protagonista absoluta es la Virgen María, titular de la Catedral. Su presencia domina toda la composición. En el centro de la fachada aparece la imagen de la Virgen de las Gracias, patrona del templo, rodeada por ángeles y arcángeles. Sobre ella se desarrolla el gran relieve de la Asunción, que culmina visual y simbólicamente el conjunto. También están representados los padres de la Virgen, san Joaquín y santa Ana, y otros episodios marianos, como la Anunciación o la Inmaculada Concepción, representados en dos espléndidos relieves a ambos lados de la entrada principal.
Junto a María aparecen los principales santos vinculados a la diócesis. Entre ellos destacan los Cuatro Santos de Cartagena (san Fulgencio, san Isidoro, san Leandro y santa Florentina), figuras fundamentales en la tradición histórica del antiguo obispado. También se representan san Fernando, san Hermenegildo, san José, san Juan Bautista y numerosos apóstoles, mártires y personajes relacionados con la historia religiosa de la región. La Cruz de Caravaca, sobre la vidriera central, ocupa igualmente un lugar destacado dentro del programa iconográfico.
La fachada estuvo coronada originalmente por una monumental escultura de Santiago Apóstol plantando la cruz. Esta imagen aludía a la antigua tradición según la cual el apóstol habría llegado a Hispania a través del puerto de Cartagena, simbolizando el origen apostólico de la diócesis. Aunque la estatua fue retirada en 1803 por motivos de estabilidad, su significado continúa siendo esencial para comprender el mensaje global del monumento.
Una fachada con tres puertas
Las tres grandes puertas de acceso se corresponden a las tres naves interiores del templo y forman parte del discurso simbólico de la fachada.
La puerta central, denominada Puerta del Perdón, constituye el acceso principal sobre ella se sitúa la imagen de la Virgen de las Gracias, subrayando el carácter mariano de la Catedral. Entre este conjunto escultórico y la puerta propiamente dicha encontramos un bajo relieve con una corona real coronando una jarra de azucenas. Este símbolo alude al hecho de que esta es la entrada reservada al rey o a la familia real. También salen por esta puerta las procesiones del Corpus Christi o de la Virgen de la Fuensanta, simbolizando la realeza de Cristo y de su Madre.
A la derecha se encuentra la Puerta de San José o del Concejo, vinculada al esposo de María y protector de la Sagrada Familia. Sobre la puerta encontramos el escudo de la ciudad, ya que esta puerta era la utilizada en determinadas ceremonias por el alcalde y los miembros del concejo de la ciudad.
En el lado opuesto se abre la Puerta de San Juan Bautista o del Cabildo, reservada tradicionalmente para el acceso del obispo y los miembros del cabildo catedralicio. El escudo que aparece entre la escultura del bautista y la puerta es el del Cardenal Luis Belluga, uno de los grandes patrocinadores de la construcción de este imafronte, ya que estuvo enviando fondos destinados a este fin desde Roma.
La gran obra del Barroco murciano
La fachada principal de la Catedral constituye la culminación de la arquitectura barroca desarrollada en Murcia durante el siglo XVIII. Ningún otro monumento de la ciudad reúne con semejante intensidad arquitectura, escultura, urbanismo, simbolismo religioso e identidad histórica.
Además de transformar la imagen de la Catedral, su construcción modificó profundamente el entorno urbano y contribuyó a la creación del espacio que hoy ocupa la plaza del Cardenal Belluga. Concebida para dialogar con la ciudad y proyectar visualmente la autoridad espiritual de la diócesis, la fachada sigue cumpliendo casi tres siglos después la función para la que fue creada: impresionar al visitante y presentar, mediante un extraordinario lenguaje artístico, la historia y las creencias de la Iglesia de Cartagena.
Por su originalidad compositiva, la calidad de su ejecución y la complejidad de su programa iconográfico, el imafronte de la Catedral de Murcia ocupa un lugar destacado dentro de la arquitectura barroca europea y constituye una de las obras más importantes del patrimonio histórico-artístico de la Región de Murcia.


Grabado con la fachada principal de la catedral aparecido en el libro de Émile Bégin "Voyage pittoresque en Espagne et en Portugal" (1852)
Visita guiada a la catedral de Murcia
La mejor manera de conocer la catedral de Murcia. Una visita de unas dos horas que hacer un recorrido completo por el exterior e interior del templo, incluyendo su museo. Con guía oficial de turismo, graduado en historia y experto en arquitectura y patrimonio histórico.


Los "cuatro santos de Cartagena" flanquean la puerta principal: a la izquierda san Leandro y san Fulgencio, y a la derecha san Isidoro y santa Florentina.








Visita guiada a la catedral de Murcia
La mejor manera de conocer la catedral de Murcia. Una visita de unas dos horas que hacer un recorrido completo por el exterior e interior del templo, incluyendo su museo. Con guía oficial de turismo, graduado en historia y experto en arquitectura y patrimonio histórico.





